Del ingreso a la no adhesión: los BRICS y el giro de la política exterior argentina.
- Observatorio de Política Exterior Argentina
- 21 abr
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Actualizado: 28 abr
Por Lourdes Mossin*
La trayectoria de Argentina frente al bloque BRICS ha transitado desde una participación sostenida durante una década hasta la reciente decisión de declinar su incorporación formal en 2024. Este cambio de rumbo responde a un giro en la política exterior argentina que prioriza el alineamiento estratégico con el bloque occidental, distanciándose de la arquitectura financiera y política de las potencias emergentes.
El 24 de agosto de 2023, el gobierno argentino comunicó la confirmación del ingreso del país a la alianza BRICS. Este bloque, integrado originalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se constituye como un foro de coordinación política y diplomática clave para las potencias emergentes del Sur Global. Según palabras de Alberto Fernández, “nuestro ingreso a los BRICS es una meta coherente con nuestra búsqueda por proyectar a nuestro país como un interlocutor clave y un potencial articulador de consensos en colaboración con otras naciones (...)” (Fernández, 2023). Sin embargo, ese rumbo no logró consolidarse. El cambio de signo político con la llegada al poder de Javier Milei implicó una redefinición profunda de las prioridades en política exterior, descartando dicha alianza como parte de la proyección internacional de Argentina. En consecuencia, esta columna analizará de forma breve qué sucedió con la incorporación argentina a los BRICS.
La expansión del bloque BRICS se ha estructurado históricamente a través de tres modalidades institucionales: la incorporación de miembros plenos (como ocurrió con Sudáfrica en 2010), la participación en el mecanismo BRICS Plus y la integración como accionistas del Nuevo Banco de Desarrollo. El vínculo de Argentina se inscribe precisamente en la iniciativa BRICS Plus, denominada originalmente como outreach, inicialmente una herramienta de diplomacia informal diseñada para fortalecer la cooperación con el Sur Global. En este marco, el primer acercamiento de alto nivel se produjo en 2014, cuando Cristina Fernández de Kirchner asistió a la cumbre de Fortaleza (Brasil) en representación de la UNASUR, marcando un hito tras la posición conjunta presentada por Argentina y el bloque en el G20 de 2012. Esta presencia continuó en 2018 durante la gestión de Mauricio Macri, quien fue invitado a la cumbre de Johannesburgo en su carácter de presidente protempore del G20.
No obstante, fue durante la administración de Alberto Fernández cuando este acercamiento escaló hacia una voluntad explícita de integración plena. En la cumbre de Beijing de 2022, participando como presidente de la CELAC, Fernández formalizó el pedido de ingreso de Argentina como miembro pleno. Este paso fue respaldado por una intensa actividad diplomática que incluyó la firma de la adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en China, y la obtención de apoyos clave de los cancilleres de India (Subrahmanyan Jaishankar), Rusia (Serguéi Lavrov) y China (Wang Yi). Incluso en Brasil, pese a las marcadas diferencias ideológicas con el gobierno de Alberto Fernández, el ministro de Economía de Jair Bolsonaro, Paulo Guedes, llegó a calificar a la Argentina como un “socio natural y estratégico” cuyo ingreso al bloque y al Nuevo Banco de Desarrollo debía ser impulsado (Guerrero, 2023).
Hacia agosto de 2023, en el marco de la XV Cumbre en Johannesburgo, los BRICS anunciaron una histórica expansión al aceptar la incorporación de Argentina junto con otros
cinco países. Para el Estado nacional, el bloque se posiciona como un grupo de gran importancia producto de la relevancia de las relaciones bilaterales con integrantes como Brasil, China y Rusia, actores que resultan determinantes para la inserción internacional del país (Bonanno, 2022). Con la concreción de esta ampliación en 2024, el peso del bloque se ha consolidado sustancialmente, alcanzando el 39% del PIB global y el 24% del comercio internacional (BRICS 2025).
Tras la asunción de Javier Milei, la política exterior argentina experimentó un giro doctrinario hacia un alineamiento prioritario con el bloque occidental, posicionando a Estados Unidos e Israel como sus principales aliados estratégicos. Esta reorientación, fundamentada en la defensa de los valores de la democracia liberal y el libre mercado, se plasmó de manera inmediata en la postura frente a los BRICS. En este marco, el 29 de diciembre de 2023, el Ministerio de Relaciones Exteriores comunicó el envío de cartas a los presidentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, con el objetivo de informar la decisión de Argentina de no incorporarse al bloque. En dichas comunicaciones se señala que 'no se considera oportuno, en esta instancia, participar como miembro a partir del 1 de enero de 2024, ya que muchos ejes de la política exterior actual difieren de la gestión anterior' (TiempoSur, 2023).
Si bien se observa un cambio de rumbo en la política exterior argentina con una marcada preferencia hacia países occidentales, la estructura comercial argentina refleja una realidad distinta. Brasil se mantiene como el principal socio comercial del país (INDEC, 2026), y la integración al bloque habría consolidado la alianza estratégica con el país vecino, fortaleciendo el peso de la región en la toma de decisiones globales.
En este sentido, los BRICS podrían haber funcionado no solo como un espacio de articulación con potencias emergentes, sino como una plataforma para profundizar la integración sudamericana frente a un orden internacional en reconfiguración. Argentina queda, de este modo, al margen de distintas iniciativas y nuevos instrumentos impulsados por dicho bloque, como el sistema de pagos descentralizado denominado DCMS (Sistema
Descentralizado de Mensajería Transfronteriza), orientado a facilitar los intercambios comerciales entre sus miembros sin recurrir a la moneda estadounidense. A pesar de que el dólar estadounidense mantiene actualmente una posición dominante en el comercio internacional, el bloque nos muestra que es posible otro camino. La iniciativa se suma a otros esfuerzos coordinados de los BRICS por construir arquitecturas financieras paralelas.
Esto incluye la creación de un banco de desarrollo propio o los acuerdos bilaterales de comercio en monedas nacionales. El objetivo es equilibrar la influencia internacional de Estados Unidos y promover una mayor autonomía en el sistema global.
Sumado a esto, la arquitectura financiera de los BRICS cuenta desde 2015 con el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD). A diferencia de organismos como el FMI, esta institución multilateral se enfoca en movilizar recursos para proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible sin las condicionalidades macroeconómicas tradicionales. Para una Argentina necesitada de inversión productiva y con acceso limitado a los mercados de capitales, el NBD representaba una alternativa de financiamiento que ahora queda fuera del alcance estratégico del país.
Por otro lado, la agenda climática representa otro punto crítico de contraste y discrepancia a la hora de formar parte de esta alianza. Mientras el grupo BRICS destaca la importancia de un financiamiento equitativo para asegurar transiciones justas y reafirma su compromiso con el Acuerdo de París y la COP30, la administración argentina ha adoptado una postura negacionista respecto al cambio climático, marcando esto otra hipotética limitación a la hora de priorizar el grupo.
En definitiva, la decisión de la actual gestión de no avanzar en la incorporación al bloque de los BRICS expresa una lectura específica y deliberada del contexto internacional y de las prioridades que deben orientar la política exterior argentina. Bajo la presidencia de Javier Milei, el posicionamiento del país evidencia un alineamiento claro con determinados socios del sistema internacional, en detrimento de estrategias de inserción más diversificadas. No obstante, esta orientación abre interrogantes relevantes. En un escenario global atravesado por dinámicas de multipolaridad y crisis de la cooperación, relegar espacios como los BRICS podría interpretarse como una mirada parcial del reordenamiento en curso, al subestimar el peso de actores emergentes que hoy disputan centralidad en la gobernanza global. Así, la cuestión de fondo no radica únicamente en la elección de aliados, sino en la capacidad de la Argentina para sostener una inserción internacional flexible y eficaz, capaz de adaptarse a un orden en transformación sin restringir sus márgenes de acción.
En este marco, cobra particular relevancia la necesidad de reintroducir el principio de
autonomía como eje ordenador de la política exterior. Lejos de implicar aislamiento, la misma supone la necesidad de ampliar los márgenes de maniobra mediante la diversificación de vínculos y la evitación de alineamientos rígidos. En definitiva, el desafío para la Argentina no es solo definir con quién se vincula, sino cómo preservar su capacidad de decisión en un escenario internacional cada vez más complejo, evitando que sus elecciones estratégicas terminen por limitar, en lugar de potenciar, su proyección global, sin perder la oportunidad de formar parte de espacios estratégicos como los BRICS.
*Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (FCPOLIT-UNR). Miembro del Observatorio de Política Exterior Argentina (OPEA-UNR).
Referencias:
Bonanno, F. (2020, 11 de agosto). Argentina y su candidatura para ingresar al Grupo BRICS. Observatorio de Política Exterior Argentina (OPEA).
BRICS 2025. (s. f.). BRICS Data. Government of Brazil. https://brics.br/en/about-the-brics/brics-data
Fernández, A. (2023, 24 de agosto). Mensaje del presidente sobre la incorporación de
Argentina a la alianza de los BRICS. Casa Rosada.
Guerrero, M. G. (2023). ¿Puedo entrar?: antecedentes, formas de ingresar al BRICS, y
algunas lecciones para la Argentina. Relaciones Internacionales, 32(65), 173.
INDEC. (2026). Intercambio comercial argentino (ICA). Cifras estimadas de marzo de 2026.
TiempoSur. (2023, 29 de diciembre). Argentina anunció formalmente que no participará de