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Argentina - Estados Unidos: Una relación de pendulación entre la autonomía yla dependencia.

  • Foto del escritor: Observatorio de Política Exterior Argentina
    Observatorio de Política Exterior Argentina
  • 11 dic 2025
  • 9 Min. de lectura

Por Alan Paro y Lucía Ríos*


Pocas relaciones bilaterales han oscilado tanto entre la afinidad y la desconfianza como la de Argentina y Estados Unidos. Guillermo O’Donnell alguna vez acuñó el concepto de oscilación pendular para describir cómo los sistemas de alianzas en Argentina se reconfiguran según los ciclos económicos. Con la debida prudencia intelectual, esa misma metáfora podría aplicarse a la política exterior contemporánea.

En la vieja época de bloques, cuando el mundo se dividía entre el modelo capitalista y el comunista, el gobierno de Perón proclamaba la tercera posición, esto no lo eximió de mantener ciertos alineamientos pragmáticos con Washington en materia de seguridad.


Esa tensión entre autonomía y dependencia se mantuvo a lo largo de las décadas, adquiriendo nuevas formas durante la transición democrática y el auge neoliberal. En plena

tercera ola democratizadora, el gobierno de Raúl Alfonsín debió ceder ante las presiones financieras externas en un contexto de deuda regional asfixiante. Más tarde, con Carlos Menem, la convergencia ideológica con George H. W. Bush cristalizó en lo que se conoció

como el periodo de las “relaciones carnales”, cuando el alineamiento con Washington y los

postulados del realismo periférico se transformaron en política de Estado.


Posteriormente, en plena marea rosa y tras el fracaso del proyecto del ALCA —promovido durante los años noventa—, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández marcaron un claro distanciamiento ideológico y político respecto de Washington, en sintonía con el clima regional de la época. El descrédito del neoliberalismo se tradujo en un renovado escepticismo hacia Estados Unidos y hacia los pilares financieros del sistema de Bretton Woods, representados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.


Con la llegada de Mauricio Macri en 2015, Argentina buscó recomponer su vínculo con Washington a través de una agenda de apertura económica y reinserción internacional. El retorno al crédito externo, la búsqueda de inversiones y la afinidad personal con Donald Trump marcaron un giro pragmático que reeditó, en parte, el espíritu de los años noventa, aunque en un contexto global más fragmentado. Sin embargo, el endeudamiento acelerado con el FMI y la fragilidad estructural de la economía argentina terminaron por erosionar ese acercamiento. Por otro lado, durante la presidencia de Alberto Fernández, las relaciones bilaterales se volvieron particularmente complejas, producto de las diversas disidencias en las percepciones del Poder Ejecutivo, la situación de la deuda externa y las marcadas asimetrías de poder entre ambos Estados (Yarcho Coscarelli, 2020). Debido a estos factores, la formulación de la política exterior en este período se vio obligada a adoptar un creciente pragmatismo, en el cual el eje financiero subordinó al resto de la agenda internacional, priorizando la renegociación con el FMI y otros acreedores.


Hoy, ese péndulo histórico parece haber llegado a su punto más extremo: un gobierno

argentino que, bajo el mando de Javier Milei, tiene a Estados Unidos como un aliado estratégico, y cuyo vínculo está caracterizado por una adhesión ideológica casi absoluta a los postulados de la retórica MAGA -Make America Great Again-, en un escenario internacional caracterizado por el retorno del nacionalismo económico y la erosión del multilateralismo.


En este sentido, la afinidad ideológica y el alineamiento con Washington no solo marcan un viraje discursivo, sino que se inscriben en una lógica estructural más profunda que puede ser comprendida a la luz del concepto de “hiperoccidentalismo” introducido por Tokatlian (2024). Este concepto alude a una orientación de política exterior y de defensa que se inscribe dentro de la lógica de la aquiescencia, entendida como una gran estrategia caracterizada por la aceptación y reproducción del liderazgo de una potencia hegemónica; dicha lógica puede expresarse a través de tres modalidades: acoplamiento, acomodamiento y engagement.


En primer lugar, acoplamiento implica un plegamiento directo a los intereses estratégicos de una superpotencia, tanto en el plano regional como mundial. Por otro lado, el acomodamiento se traduce en concesiones o gestos de alineamiento con el fin de evitar

tensiones o represalias y, al mismo tiempo, preservar la expectativa de beneficios futuros. Finalmente, el engagement supone un acompañamiento activo a la Casa Blanca, actuando

como “proxy” en la implementación de sus acciones o políticas hacia terceros Estados. En conjunto, estas formas de aquiescencia configuran una estratégica que refuerza la centralidad del vínculo con Occidente, y especialmente con Estados Unidos, como eje ordenador de la política exterior, limitando el margen de autonomía regional y global.


Esta orientación no surge en el vacío, pero si adquiere un carácter distinto: aunque el gobierno libertario se referencia en los antecedentes del menemismo, su alineamiento con Washington se presenta menos como una táctica de inserción pragmática y más como una toma de posición ideológica, que profundiza la subordinación a la agenda occidental en un espacio global en creciente disputa. En la década de los 90, el acercamiento del menemismo a Washington se debió principalmente a intereses económicos y comerciales, mientras que el acercamiento de Milei parece basado en la ideología, puesto que la lectura del mundo que hace el gobierno libertario no es solamente anacrónica, sino que además subestima la complejidad del vínculo de los 90.


De otra parte, en cuanto a las relaciones entre Argentina y Estados Unidos bajo la gestión de La Libertad Avanza, y centrándonos en el concepto de acomodamiento introducido por Tokatlian, el vínculo entre estos dos países ha sido atravesado por una serie de movimientos y gestos que evidencian un claro reacomodamiento de la política exterior hacia Washington. Busso (2024) analiza esta lógica del acoplamiento con Washington bajo tres modalidades; en primer lugar el carácter totalmente ideológico que se encuentra manifestado en la preferencia de Milei por la figura de Donald Trump, como en la participación de ambos mandatarios en las reuniones de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) que contempla un espacio transnacional conservador que tiene un plan para su consolidación en Occidente. En la reunión celebrada en 2024, el presidente argentino se encontró con Trump, aunque no lo conocía personalmente y le manifestó su admiración.


Otra forma de acoplamiento es el que se da con los denominados tecno-utópicos. El

presidente Milei, al igual que muchos empresarios argentinos, sienten una profunda admiración por Elon Musk y su idea de reemplazar muchas funciones del Estado en el mediano plazo por las corporaciones.


Según Busso, los reiterados viajes del presidente argentino a los Estados Unidos confirman estos dos modelos de acoplamiento. Hasta mediados de octubre de 2025, el presidente Milei concretó más de diez viajes al exterior, entre los más destacados se encuentran, su asistencia en enero de 2024 al Foro Económico Mundial de Davos, donde brindó un discurso fuertemente liberal en defensa del capitalismo, marcando así el inicio de su proyección internacional. Durante los meses de abril y mayo de 2024, realizó una gira por Estados Unidos donde se reunió con diversos empresarios, think tanks y figuras políticas vinculadas al Partido Republicano. Luego, en septiembre de ese mismo año volvió a Estados Unidos para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) donde volvió a insistir con la lucha por la defensa del libre mercado y la “batalla cultural” contra la izquierda internacional; además mantuvo reuniones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y empresas tecnológicas interesadas en invertir en la Argentina.


En marzo de 2025, Milei viajó nuevamente a Estados Unidos para mantener reuniones con empresarios del sector energético y miembros de la comunidad libertaria norteamericana. Entre sus viajes más recientes, se destaca su visita a Washington en octubre de este mismo año, donde fue recibido por el presidente Donald Trump y mantuvieron diálogos sobre la situación económica global, el papel de Argentina en América Latina y las futuras inversiones estadounidenses en el país.


Y finalmente, retomando el análisis de Busso, identifica una última forma de acoplamiento en la dimensión estratégico-militar, materializada en los acuerdos suscritos entre el Pentágono, el Comando Sur y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por parte de Estados Unidos, y los ministerios de Defensa y Seguridad por parte de Argentina. Sumado a esto, la aprobación mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 697/2025, de la operación “Tridente”, la cual habilita el ingreso de tropas norteamericanas al territorio nacional entre los días 20 de octubre y 15 de noviembre de 2025 a llevarse a cabo en las Bases Navales de Mar del Plata, Ushuaia y Puerto Belgrano y en los espacios destinados para instrucción militar, marítimos y terrestres; como así mismo, la espera a la aprobación de dieciocho ejercicios militares conjuntos entre las fuerzas estadounidenses y argentinas, según declaró el secretario de Relaciones Internacionales para la Defensa, Juan Battleme, a inicios de octubre de este año. Este ámbito de vinculación evidencia la voluntad de trascender el concepto tradicional de aquiescencia mencionado previamente, ya que sus principales objetivos no apuntan a obtener respaldo estadounidense a cambio de beneficios militares o simbólicos por la deferencia argentina, sino que expresan una disposición a la concesión sin esperar una retribución concreta (Busso, 2024).


Durante el proceso electoral de medio término se evidenció una dinámica singular en las relaciones entre la Casa Blanca y la Casa Rosada, la cual suscitó numerosos análisis tanto en la etapa previa como posterior a los comicios. Desde el respaldo económico al mercado cambiario argentino y las promesas de un fondo de intercambio de divisas de 20.000 millones de dólares (Banco Central de la República Argentina [BCRA], 2025) hasta declaraciones explícitas —como la del presidente estadounidense: “Espero que el pueblo argentino comprenda lo bien que hace su trabajo y lo apoye en las próximas elecciones intermedias” (Trump, 2025a)—, el escenario político estuvo atravesado por una clara inclinación de Washington en favor del presidente Javier Milei.


Tras la victoria del partido oficialista en Argentina y los consecuentes festejos en Buenos Aires, el líder del movimiento MAGA calificó el resultado como “una gran victoria”, al señalar: “fue un gran vencedor y contó con mucha ayuda por nuestra parte” (Trump, 2025b, citado en Oliva, 2025). Estas manifestaciones evidenciaron una convergencia político- ideológica poco frecuente en la historia reciente de las relaciones bilaterales entre ambos países.


En este sentido, retrotrayendo la noción de “pendulación” —entendida como la alternancia en los grados de alineamiento político y económico de la Argentina con los Estados Unidos—, el escenario actual podría interpretarse como una nueva etapa caracterizada por la confluencia ideológica y la aplicación de mecanismos de apoyo directo, tanto económicos como políticos, hacia el gobierno argentino. No obstante, tales interpretaciones resultan insuficientes para explicar la profundidad y la complejidad multinivel del accionar estadounidense, que, en palabras de Bessent, considera a “Argentina como un aliado vital en América Latina” (Bessent, 2025).


A modo de conclusión, este hiperoccidentalismo observado ha sido un eje principal en la formulación de la “Nueva Doctrina de Política Exterior” de la Argentina, materializada en el discurso del presidente en funciones durante un acto militar en conjunto a la General Richardson, comandante del US Southern Command, donde “aseguró que el mejor recurso que hoy que tiene la Argentina para defender su soberanía ‘es reforzar su alianza estratégica con Estados Unidos y con todos los países del mundo que defienden la causa

de la libertad’” (Observatorio de Política Exterior Argentina, 2024), y en los encuentros bilaterales entre ambos gobiernos en territorio norteamericano. Es por ello que esta nueva dinámica en el desarrollo política exterior del país, sigue una lógica de acoplamiento a los intereses estratégicos a la potencia tradicional de Occidente, diferenciándose de los alineamientos pragmáticos del pasado, demostrando que este vínculo se caracteriza por una adhesión ideológica y moral al liderazgo tanto de Estados Unidos como a la retórica del trumpismo, lo que redefine la política exterior argentina en clave de acoplamiento y acomodamiento.


Para concluir, y en consonancia con lo anterior, resulta ineludible denotar la existencia de una continuidad e incluso una profundización de la convergencia bilateral con Estados Unidos. Este proceso se explica tanto por las afinidades ideológicas del propio presidente como por el creciente activismo norteamericano en la región, siendo uno de los socios exteriores más relevantes juntos con Israel dentro de la PEA del gobierno de turno. A su vez, se podría señalar que este acercamiento se sustenta más en afinidades personalistas del mandatario argentino que en motivaciones estratégicas-estructurales, como sí ocurrió en otras etapas históricas en las que la aproximación fue significativa.


Bajo esta lógica, Argentina ingresaría en un proceso de reposicionamiento en el sistema internacional. Ello queda expresado en las declaraciones del propio presidente, quien sostuvo: “Nuestra alianza con los Estados Unidos, demostrada a lo largo de estos primeros meses de gestión, es una declaración de la Argentina para el mundo” (Milei, 2024). De ahora en adelante, resta analizar cuáles serán los resultados de esta pendulación, sus efectos en la imagen internacional de Buenos Aires y las implicancias que esta redefinición tendrá sobre su margen de autonomía externa. El devenir de esta estrategia permitirá observar hasta qué punto la política exterior argentina consolida una inserción internacional más nítida y coherente o si, por el contrario, la pendulación recurrente vuelve a manifestarse como un patrón estructural de su comportamiento externo.


*Estudiantes avanzados de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (FCPOLIT-UNR). Miembros del Observatorio de Política Exterior Argentina (OPEA-UNR).


Bibliografía:

Banco Central de la República Argentina. (2025). El BCRA y el Departamento del Tesoro de

los Estados Unidos firman un acuerdo de estabilización cambiaria por USD 20.000 millones

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BAE Negocios. (2025). Los viajes internacionales de Javier Milei: de Davos a EE. UU.,

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Bessent, S. [@SecScottBessent]. (2025). “Argentina es un aliado vital en América Latina”

Boletín Oficial de la República Argentina. (2025). Decreto N.º 697/2025. Ejercicios

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Busso, A. (2024). La política exterior de Javier Milei frente a Estados Unidos: un escenario

de múltiples acoplamientos. Anuario de Relaciones Internacionales. Departamento de

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Informe OPEA N°729. Disponible en: https://www.opeargentina.org/post/opea-729

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O'Donnell, G. (1976). Estado y alianzas en la Argentina, 1956–1976. Desarrollo Económico,

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Oliva, A. (2025). “Ganamos mucho dinero gracias a esas elecciones”: Trump celebra el

triunfo de Milei en las legislativas en Argentina y el alza de los mercados. BBC News

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