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UNASUR: un final anunciado


Por Mariana Aiub Robledo

En 2008, luego de una serie de encuentros regionales, logró materializarse la iniciativa brasileña: la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR). Ciertamente este proyecto representaba, también, la estrategia de liderazgo regional de este país y una herramienta en pos de su proyección internacional. Los objetivos eran sumamente amplios y las voluntades manifiestas.

Cabe mencionar que, a pesar de los choques de liderazgo, Néstor Kirchner primero, y Cristina Fernández después, acompañaron el proceso. En un contexto de giro a la izquierda y con gobiernos populares en el poder, la unidad latinoamericana resonaba en los discursos presidenciales. El fortalecimiento del diálogo político, el desarrollo social y humano, la inclusión social, la integración energética, de infraestructura y financiera se encontraban entre los 21 objetivos de la UNASUR. En una región atravesada por una multiplicidad de organismos regionales, la Unión Sudamericana parecía dar luz acerca de cómo lograr un proceso completo y orientado hacia la concertación política, con Brasil como su mentor, banco y líder.


Durante los años que siguieron, el buen desempeño de este organismo se observó en la resolución de conflictos intrarregionales. UNASUR no sólo se convirtió en un proceso de concertación política exitoso, sino también en un espacio en el cual Argentina pudo demostrar su iniciativa diplomática.


No obstante, la concreción de los proyectos se volvió cada vez más lenta y difícil. Iniciativas como el Banco del Sur, el Gasoducto Sudamericano o la Universidad del Sur no lograron materializarse. A esto se le sumó, a partir del 2015, la asunción de gobiernos de nueva derecha en la región que terminó con la sintonía ideológica de la primera década y media del siglo XXI.


Desde el año pasado, UNASUR ingresó en una etapa de estancamiento: inacción frente a la crisis humanitaria en Venezuela, falta de Secretario General al no aprobar al candidato argentino José Octavio Bordón, proyectos sin concretarse y finalmente el abandono del organismo como mecanismo preferencial de concertación política.


El recorrido de la política exterior argentina nos demuestra que, a lo largo de la historia, nuestro país apostó por procesos de integración y concertación política, aunque en distintos momentos. Sin embargo, nos encontramos con un gobierno nacional que en mayo de 2018 decidió suspender temporalmente su participación en UNASUR y casi un año después, anunció su retiro formal y decisión de denunciar el Tratado de Brasilia.


Actualmente, UNASUR se vacía de aquellos países que 10 años atrás eran sus principales promotores y se suma a la lista de proyectos truncos de la región. Uno más al conjunto de iniciativas, buenas y prometedoras, pero que sólo se sostienen con la sintonía ideológica de los gobiernos de turno. Cabe preguntarnos, entonces ¿existe un futuro para los proyectos regionales en Sudamérica? y ¿cuál es el rol que busca ocupar el gobierno argentino en el proceso?


Tags: #texto #columna #unasur #cooperación

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