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Argentina dentro de la Nueva Ruta de la Seda China

Por Florencia Bonanno

Situadas en dos extremos opuestos de la tierra y a pesar de la distancia que las separa, China y Argentina, mantienen una amistad de larga data que se renueva y fortalece con el transcurrir del tiempo. Establecidas formalmente en 1972, las relaciones bilaterales entre ambos países, se han dinamizado desde la asunción de Mauricio Macri a la Presidencia, a pesar de las dudas que pesaban entre ambos países al inicio de la gestión. Recordemos que los objetivos del presidente argentino implicaban otorgarle otra identidad internacional al país, otra visión del mundo y, en consecuencia, otros ejes ordenadores de la acción externa (Russell y Tokatlian, 2016) para poder lograr una reinserción en el escenario internacional. Es por eso, que una de las estrategias de la administración argentina, fue el acercamiento al denominado Gigante Asiático, quién en las últimas décadas se ha convertido en un global player determinante para el mundo. Como resultado de esto, se han concretado 21 acuerdos de cooperación en 2017, abarcando distintas áreas que comprenden aspectos que versan desde lo económico hasta lo cultural, adquiriendo la relación bilateral lo que el gobierno chino caracteriza como un nivel de “asociación estratégica integral”. Es por eso, que la inserción de nuestro país dentro de la Franja de la Nueva Ruta de la Seda no es casualidad.

Hace unos 2.300.000 años atrás, La República Popular China había logrado diseñar un proyecto transcontinental denominado “Ruta de la Seda”. El mismo consistía en un circuito terrestre que uniría por primera vez Asia con Europa y África, acrecentando el comercio entre ambas regiones, el intercambio cultural y el descubrimiento de diversos avances como el hierro fundido. Ese mismo concepto fue retomado por el Presidente chino, Xi Jinping en 2013. En base a esto, su propuesta fue la modernización de aquel proyecto a partir de la creación de un cinturón económico ahora conocido como “Una franja, Una ruta” / “One Belt, One Road” (OBOR). La Franja de la Nueva Ruta de la Seda representa la última etapa de la estrategia del desarrollo regional de China (Peña, 2017), reforzando su liderazgo mundial y encuadrando perfecto con su política de “soft power” (Nye, 2004). Dentro del mismo, se encuentran algunos ejes bien marcados de cooperación que consisten en: el desarrollo de infraestructura para aumentar la interconectividad entre las regiones; la fluidez comercial; la expansión del flujo de capital financiero; y el potenciamiento del desarrollo de las comunicaciones. En consecuencia, la iniciativa OBOR, ha logrado captar durante los últimos años a más de 100 países, incorporando ahora también a diferentes Estados de América Latina, entre ellos Argentina.

El primer acontecimiento que marcó de iure la inserción argentina dentro del proyecto chino, fue la asistencia del presidente Macri en 2017 al “Primer Foro Internacional de OBOR” y la posterior firma, junto al entonces Ministro de Finanzas, Luis Caputo, de los principios rectores de la propuesta. En adelante y de facto, podemos afirmar que Argentina ha desarrollado un arduo trabajo de cooperación en conjunto con su par asiático, siguiendo los postulados chinos que han sido materializados en acuerdos tales como: la facilitación de visados para turistas y negocios de ciudadanos chinos; planes para la promoción de inversiones; cooperación en materia de sanidad y seguridad alimentaria; la puesta en marcha de un protocolo de requisitos para la exportación de uvas argentinas y la incorporación del idioma chino a algunos colegios como es el caso del municipio de Tigre en Buenos Aires, entre otros. Además, en junio de 2017, Argentina ingresó al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), impulsado por China, con un capital inicial de U$S 100.000 millones con el objetivo de multiplicar las fuentes de financiamiento para el desarrollo de energía, transporte y comunicaciones. Otro aspecto interesante a tener en cuenta, durante 2018, fue la reciente reunión del Viceministro Ejecutivo de Seguridad Pública chino, Wang Xiaohong, con la Ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich. Durante ésta última, se acordó fortalecer la cooperación en términos de seguridad, haciendo especial hincapié en la persecución y desarticulación de bandas criminales. Asimismo, se estableció un compromiso para la implementación de nuevas técnicas contra delictivas .

Si bien, la creencia popular marca que la relación bilateral existente tiene un sesgo de matrimonio desigual, donde pareciera que el “ganar-ganar” (Berjano, 2015) es exclusivo de China, cabe recordar que el circuito de la “Nueva Franja de la Ruta de la Seda” también presenta oportunidades para Argentina. Los resultados dependen, en última instancia, del campo estratégico de políticas que pueda diseñar nuestro país para conectar de manera adecuada con el proyecto OBOR.

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