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Bolsonaro: una incógnita para el futuro de las relaciones bilaterales con Argentina

Por Florencia Bonanno



El pasado 28 de octubre de 2018, fue un día histórico para Brasil y la región de América Latina. Con un 55,21% de los votos logró imponerse Jair Bolsonaro (Partido Liberal Social) ante su oponente Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores), quién obtuvo un 44,79% durante esta segunda vuelta. ¿Por qué atribuirle tanta importancia a dichas elecciones? La respuesta involucra, no sólo la alta relevancia de las relaciones bilaterales argentino-brasileñas sino también, el escenario de incertidumbre que abren las características que atañen al presidente electo.

Bolsonaro tiene una carrera militar y política, consolidándose como diputado federal en 1990 por el Partido Demócrata Cristiano de Río de Janeiro, con una ideología nacionalista y conservadora que lo llevó a ubicarse en el sector de la ultraderecha. Bolsonaro, estuvo en boca de los medios de comunicación debido a sus propuestas xenófobas, belicistas y misóginas. Además, el presidente recientemente electo, demuestra estar en consonancia con un escenario internacional apabullado por el resurgir del fantasma de la derecha. Si analizamos el contexto internacional: Estados Unidos, Italia, Austria, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, son algunos de los ejemplos más acabados del despertar de este espectro. Asimismo, América Latina parece sumergirse en el mismo proceso, en donde el viraje hacia la derecha y ultraderecha estuvo presente en las elecciones de 2017 y 2018, en países como Chile, Costa Rica, Colombia, México y ahora también nuestro vecino.

Ahora bien, ¿por qué es tan importante el triunfo de Bolsonaro para la Argentina? además de la cercanía geográfica, la relación entre ambos países viene desde la época colonial, atravesando fases de tensión y distensión, hasta lograr una cooperación sólida que perdura hasta la actualidad y que dota a la relación con un carácter de alianza estratégica. Además, cabe destacar, que uno de los antecedentes directos que luego daría lugar al Tratado de Asunción (1991) creando el MERCOSUR, fue el Tratado PICAB de Integración y Cooperación Económica entre Brasil y Argentina. Tanto Brasil como la Argentina, representan dos de las economías más importantes de América del Sur, con un 60% de su población. Por otra parte, Brasil es el segundo socio comercial más importante de nuestro país y toda medida económica que nuestro vecino impulse repercute directamente en nuestro país.

Sin embargo, las preocupaciones invadieron al gobierno argentino luego de las propuestas realizadas en la campaña de parte del candidato Bolsonaro y de quién será su Ministro de Economía, el neoliberal Paulo Guedes. La polémica se inició con la campaña del nuevo presidente brasileño, quien se situó bajo los preceptos de aperturismo y desregulación de la economía, política que incluiría una revisión del Mercosur retrotrayendo su carácter de unión aduanera a una zona de libre comercio. Asimismo, Bolsonaro planteó que cada país que integra el bloque debe poder negociar por separado acuerdos comerciales. Posteriormente, este temor se acentuó con la declaración de Guedes, que manifestó que tanto el MERCOSUR como la Argentina no eran una prioridad para Brasil. Esto alertó no sólo a los funcionarios argentinos, sino también a los sectores vinculados a la producción automotriz y agroindustrial, ya que estos dos son los que más beneficios regionales encuentran con el arancel externo común. Días después, el nuevo Ministro de Economía brasileño, hizo públicas sus disculpas ante los medios retrotrayéndose en lo que dijo. Asimismo, es preciso recordar que una modificación en el nivel de integración del bloque no sucedería de un día para el otro y tampoco sería fácil de realizar. Remontándose a la parte jurídica del Tratado de Asunción, se debe destacar que cualquier modificación necesita del consenso del resto de los Estados miembros y que incluso una eventual salida de Brasil de la institución intergubernamental, requeriría de la aprobación del Congreso seguido de un período de dos años dentro de los cuales las normas que conciernen al bloque seguirían vigentes (Illescas, 2018).

Otro hecho que llamó la atención fue el cambio de agenda que hubo en lo que respecta a las visitas protocolares. Apenas asumió Bolsonaro, su par argentino, Mauricio Macri no dudó en comunicarse por vía telefónica con éste para felicitarlo. Pero, la incertidumbre volvió a asomarse cuando, a diferencia de lo que el protocolo externo acostumbra, que es la visita del nuevo presidente brasileño a nuestro país, la agenda externa Bolsonaro marca como primer destino Chile. Figuran también destinos como los Estados Unidos e Israel, pero en ningún momento se mencionó a la Argentina.

De todas formas, la asunción de Bolsonaro es reciente y sus estrategias de política exterior aún no están claramente delineadas. En lo que respecta al plano económico, la procrastinación de los mercados internacionales sostiene que se prevé un crecimiento brasilero a una velocidad de un 2% al 3% durante 2019. Este dato no es menor para la Argentina, ya que el crecimiento brasileño repercute en nuestro país de forma positiva.

Queda entonces por ver, si la administración Bolsonaro optará realmente por una apertura, que incluya continuar manteniendo la alianza estratégica con nuestro país, potenciando las relaciones económicas como hasta entonces o si se retrotrae y devine en proteccionismo. Sin embargo, el lema “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” sigue preocupando a nuestro país y las relaciones bilaterales se tornan entonces una incógnita.

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