• Observatorio de Política Exterior Argentina

El día después

Por Gustavo Insaurralde



El martes 08 de noviembre se celebraron las elecciones en Estados Unidos, en donde se enfrentaron dos candidatos: Hillary Clinton y Donald Trump. Más allá del resultado de las elecciones, es interesante preguntarse por los efectos que podrían generarse en las estrategias internacionales de los actores domésticos en nuestro país. Como consecuencia, este abordaje tendrá tres aspectos en cuenta: un análisis estructural, otro regional y su consiguiente adaptación doméstica.

Al enfocarnos en las posibles modificaciones estructurales, diversos autores consideran que la estructura del sistema internacional se ve definida en la medida que existan polos de poder que impongan mecanismos que recompensan a los actores que siguen determinados patrones de comportamiento (Waltz, 1973; Buzan, Jones y Little, 1993; Barbé, 2003) Según estos autores, la imposición de medidas de socialización de comportamientos internacionales “exitosos” nada tienen que ver con mecanismos de elección de líderes de unidades domésticas. En otras palabras, desde una mirada estrictamente sistémica, la estructura del sistema internacional poco cambiaría con tal o cual resultado. Si podemos aventurar una hipótesis doméstica, podríamos afirmar que tales modificaciones resultan de poca probabilidad en la medida que exista una masa crítica de burócratas en política exterior que poseen determinadas valoraciones sobre determinados comportamientos internacionales exitosos.

Más acá, en nuestra región, el cambio parece mucho más palpable. Según el análisis del Consejo de Relaciones Internacionales (CFR), ambos candidatos parecen renuentes a firmar grandes acuerdos de liberalización del comercio, como el Tratado TransPacífico, un hecho casi sin precedentes desde los candidatos presidenciales posteriores a la crisis del 30, junto con la voluntad de revisar los acuerdos de libre comercio ya firmados con otros países latinoamericanos (Farnsworth, 2016). Esto se suma a la aproximación tangencial hacia Latinoamérica en sus plataformas políticas, enmarcadas en temáticas de cooperación internacional vinculadas a la seguridad nacional. En la plataforma electoral de Hillary Clinton, se promueve la cooperación en seguridad con los países regionales con el objetivo de solventar problemas de esa índole basadas en una estrecha colaboración bilateral. A su vez, ya es conocida la aproximación securitista de Trump con respecto a la inmigración y a su desconfianza en tratados multilaterales de comercio, siendo el NAFTA el ejemplo paradigmático.

Por último, es menester preguntarse sobre la adaptación que realizan los actores domésticos. En un contexto internacional de retracción económica y de resurgimiento nacionalista, la estrategia de recepción de inversiones internacionales puede entrar en una crisis terminal si Estados Unidos se retrae debido a su desconfianza a la interdependencia, síntoma que comparten los dos candidatos. Por el contrario, el espacio de la seguridad y la relación bilateral a nivel pública podría no sufrir cambios debido a la aproximación buscada por la nueva administración argentina y apoyada por casi todo el arco político, como evidencia las entrevistas a diversos líderes de bancada en el congreso realizada por el diario La Nacion (http://www.lanacion.com.ar/1948132-elecciones-eeuu-politicos-argentinos)

En última instancia todo parece indicar que si las elecciones en Estados Unidos permanecieron como una incógnita, parece ser que la respuesta argentina no parece tan difícil de adivinar.

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