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Las aguas turbias del escenario regional


Por Gustavo Insaurralde



Esta semana sucedieron dos hechos de importancia en el escenario regional: el cumplimiento de los 30 años de la firma del Acta de Amistad Argentino-Brasilero, piedra basal del Mercosur, y la suspensión de Venezuela del mismo bloque.

Para los festejos de los 30 años, la canciller Susana Malcorra se reunió con su par brasilero José Serra. La posición de la administración Macri es clara al respecto: la cooperación bilateral no responde a otra cosa que a incentivar mecanismos que dinamicen el bloque, con el objetivo ulterior de transformarse en una plataforma conjunta de inserción internacional. El acuerdo de libre comercio con la Unión Europea es el objetivo a mediano plazo dentro de esta lógica.

Uno de los principales obstáculos a esta estrategia es la coyuntura internacional. Si bien la estructuración hegemónica parece no mudar, al menos en un corto plazo, se comienza a visualizar la ampliación de un lento proceso de replegamiento estatal. Esto no representaría un problema si tal replegamiento fuera de unidades marginales, pero cuando afecta a las grandes unidades del sistema, la coordinación en temáticas, instituciones y regímenes ya establecidos, como la gobernanza global de los asuntos económicos o el cambio climático, resultaría altamente problemática. Esto afecta de sobremanera las expectativas en política exterior de Argentina, pero también inserta mecanismos de socialización (la reproducción de conductas internacionales exitosas) que desestiman la cooperación interestatal. Esto se genera a partir de que las grandes unidades no reproducen este comportamiento de forma frecuente.

El escenario regional tampoco parece promisorio. Tanto la crisis brasilera como la suspensión venezolana en el Mercosur indican que el Mercosur no funciona como la tan buscada plataforma de inserción. Así, el cambio de estrategia es palpable: no solo es incentivar al bloque como espacio de cooperación conjunta para la firma de acuerdos de libre comercio, sino también ampliar nuevos mercados en Asia y África, lo que indicaría las fallas de la primera aproximación de apertura de mercados. De ello se deduce que la suspensión venezolana representa un criterio ordenador para la conformación de esta plataforma de inserción, desestimando otros intereses. A su vez, este criterio ordenador indica la falta de sustancialidad del proyecto integrador y su vulnerabilidad a sufrir una resignificación constante generada por definiciones coyunturales. Tal es así que la suspensión tiene connota tantos significados como ojos mirando: menos problemática para los países de la ola conservadora del Cono Sur, más problemática para Uruguay.

En última instancia, lo que está en juego es la sostenibilidad del bloque y la definición de sus funciones de cara al futuro.

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