• Observatorio de Política Exterior Argentina

Las peras camino a China

Por Gustavo Insaurralde



En declaraciones al diario Página 12 acerca del despacho de un embarque de peras a China, el secretario de Coordinación Política Institucional y Emergencia Agropecuaria Argentina, Javier Rodríguez, destacó la importancia de las acciones del gobierno para proponer “políticas públicas y la voluntad de un gobierno [que] se materializan en acciones concretas que benefician a los productores del sector”.

En esa declaración reconoce la importancia de China como socio estratégico y gran importador de alimentos. Según la FAO y la Oficina Nacional de Estadísticas de China, entre 1995-2002, China ha aumentado el consumo de alimentos en un 29% en la población urbana y un 10%, en la población rural. Asimismo, para 2008, China ya se había convertido en un importador neto de alimentos.

Como defendía Kenneth Waltz (1979), estos datos sistémicos determinan la actuación de las unidades partícipes del sistema internacional. De esta manera, si enfocamos la problemática de las peras dentro de un esquema global, tres ejes la definen: su competitividad, las problemáticas asociadas en tanto economía regional y, de manera más amplia, el esquema de inserción internacional de nuestro país.

Con respecto a la competitividad, Argentina es el primer exportador de peras del mundo. A pesar de todos los problemas estructurales asociados a los pequeños productores y ciertas dificultades macroeconómicas, el Alto Valle de Río Negro ha logrado expandirse internacionalmente debido al factor competitividad-calidad.

A pesar de esta cualidad, la cosecha de peras sigue siendo un producto focalizado en la producción local, por ello la denominación de economía regional. En nuestro país, las economías regionales se caracterizan por tener serios problemas para insertarse internacionalmente. Según investigaciones de la FAO (2007), de García (2007) y de Cao y Vaca (2006), las economías regionales argentinas se caracterizan por tener dificultades para acceder al sistema bancario y con el régimen de la tierra, por sufrir la falta de inversión en bienes públicos como infraestructura, de sistemas eficientes de riego y la extrema vulnerabilidad de pequeños productores frente a los grandes, especialmente en la tecnificación. A pesar de lo acuciante de estos problemas, especialmente para los pequeños productores, muy pocas medidas se han tomado aún para poder solventar estos déficits.

Por último, el tercer eje, el del patrón de inserción internacional, responde a la tendencia regional de la “primarización de las exportaciones” o, como lo denominan Giarraca y Teubal (2013), la imposición del modelo extractivista. Este modelo se caracteriza por la proliferación de actividades económicas en vista a la explotación de recursos naturales. Uno de los principales problemas asociados a este modelo es la falta de voluntad por aplicar valor agregado a los productos que tienen alta competitividad internacional, como es el caso de la pera.

Este embarque resultaría en una victoria si fuera una producción que no se caracteriza por competitiva, pero la pera si lo es. Como consecuencia, mientras la tendencia mundial se dirige hacia el consumo de productos alimentarios altamente procesados y de nicho, debido a los cambios de la dieta mundial, Argentina sigue vendiendo frutas en crudo, sin ningún tipo de valor agregado, denotando una grave falta en la promoción internacional de las economías regionales.

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