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La cooperación educativa chino-argentina: el rol del soft power chino en su política exterior


Por Oriana Cherini

La cooperación internacional es una de las áreas de las Relaciones Internacionales con mayor desarrollo y presencia en el sistema internacional, especialmente desde los años sesenta, donde la proximidad geográfica y la interdependencia económica fueron factores determinantes (Jiménez Gonzales, 2003). Una de las teorías referentes de las Relaciones Internacionales con la que se fundamenta el fenómeno de la cooperación, es la interdependencia compleja, la cual se basa en la complementariedad de intereses entre los agentes que intervienen en las relaciones internacionales y en el hecho de que los actores internacionales no son autónomos, sino que los mismos están inmersos en un sistema internacional interdependiente (García Picazo, 2013).

Dicha interdependencia favorece que los actores cooperen a través de sus intereses comunes y busquen beneficios potenciales de dicha cooperación (Jimenez Gonzalez, 2003). Además, tal como afirma Keohane “(…) la racionalidad de la cooperación depende, no solo de las ganancias inmediatas que les espera a los jugadores, sino también de la sombra del futuro(…)” (Keohane, 1993: 195).

Argentina favorece desde antaño la cooperación, tanto con países desarrollados (cooperación norte-sur) como con países en desarrollado (cooperación sur-sur) (Ayllón Pino, 2009). Uno de sus socios estratégicos principales en el siglo XXI es la República Popular de China, la cual se ha convertido en un actor clave a nivel internacional, como producto de su influencia en múltiples campos incluyendo las finanzas y el comercio internacional. Esta transformación del rol de China en el Sistema Internacional ha estado ligada con los procesos políticos internos que le permitieron, a fines del siglo XX, insertarse como potencia: la revolución cultural y sus consecuencias sociales en los sesenta, las reformas económicas de los años setenta promovidas por Deng Xiaoping y la incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el 2001, entre otros.

Asimismo, las relaciones entre Argentina y China comenzaron históricamente a mediados del siglo XX con indicios políticos y se fueron transformando, en paralelo a la incorporación de China al mercado mundial, a través de la profundización de relaciones comerciales y financieras (Oviedo, 2015). Un hecho fundamental en las relaciones de cooperación entre ambos Estados fue la firma del Memorando de Entendimiento sobre la Cooperación en el Comercio y la Inversión, el 17 de noviembre del 2004, como consecuencia de las negociaciones entre el presidente argentino, Néstor Kirchner, y su homólogo chino, Hu Jintao. Dicho momento fue clave en la medida que implicó que Argentina reconociera a China como economía de mercado y la formación y desarrollo de una relación estratégica entre ambas naciones (Bolinaga, 2007).


Al mismo tiempo, las relaciones bilaterales comerciales entre ambos países llevaron a un acercamiento diplomático que generó indicios de cooperación en áreas no tradicionales. Para que esto fuera posible, es clave mencionar la orientación de la política exterior china hacia la construcción de soft power desde la gestión de Hu Jintao en el 2004. Luego de años de concentración en el poder duro- económico y militar- tras las reformas económicas de 1978, China desarrolló una diplomacia pública que consiste en programas del gobierno cuyo objetivo es informar o influir en la opinión pública de otros países, teniendo como principales instrumentos las publicaciones, películas, intercambios culturales, radio, televisión, turismo y deporte, además de la promoción del idioma y la celebración de conferencias, simposios y talleres en el extranjero (Saddiki, 2009).

Como resultado de la cooperación en temáticas no tradicionales, en el año 2018, en el marco del G20, se firmaron una serie de acuerdos dedicados a vínculos de cooperación mutua en los planos de educación, cultura y ciencia como parte del Plan de Acción Conjunta 2019-2013. En cuanto a la cooperación educativa, dos son los objetivos principales: la facilitación del reconocimiento académico de los títulos de educación superior; y el intercambio de estudiantes, profesionales e investigadores. Por otro lado, los gobiernos han generado becas de formación que sustentan la cooperación educativa, las cuales se clasifican en becas unilaterales (Embajada de China en Argentina) y bilaterales (Embajada de China en Argentina y el Ministerio de Educación de Argentina), con la posibilidad de formación en idioma chino-mandarín y en estudios de grado y posgrado.

Consecuentemente, se puede afirmar que si bien la cooperación bilateral entre Argentina y China comenzó a finales del siglo XX como una cooperación focalizada en aspectos económico-comerciales, las transformaciones de la política exterior china promovieron su profundización y complejización. La cooperación educativa es un ejemplo concreto de esta diversificación, donde la creación e institucionalización de canales de financiamiento para estudiantes y profesionales y el trabajo para el reconocimiento de títulos de educación superior evidencian resultados concretos.


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