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La aproximación argentina en el G20: Parte II.

Por Gustavo Insaurralde

En la semana anterior, el presidente Mauricio Macri participó de varias reuniones realizadas en el marco de la Cumbre 620. En una nutrida agenda, fue parte de varios eventos, pasando por la cumbre a la asistencia a un festival de música. Esta agenda también fue noticia la cancelación de la reunión con la premier británica Theresa May y con el presidente francés presidente Macron.

A pesar de la declamada centralidad de la participación argentina en el G20, dos de los principales líderes europeos no respondieron a las llamadas argentinas para reunirse con el mandatario argentino. Las causas ya son conocidas: por un lado, la coyuntura europea, más preocupada por generar acuerdos amplios que constriñan el accionar norteamericano y, por otro, obstáculos estructurales como la soberanía sobre Malvinas y el lobby agrícola francés contra el acuerdo de libre comercio con Mercosur. Frente a todo ello, el presidente también se reunió con sus pares indio, turco y de Singapur instando a tales a invertir en nuestro país. Esto prueba, en cierta medida, aunque en un espacio de conjugación de temas importancia global en la agenda, la transversalidad de las características propias de la política exterior argentina como el viraje economicista de la nueva administración, su voluntad aperturista y también sus constreñimientos estructurales asociados a la negativa por la liberalización agrícola o el problema territorial relacionado a la soberanía de Malvinas.

Esta transversalidad en la aproximación de foros globales también alcanza a la formulación proactiva que propone la delegación argentina en el G20. La transversalidad, al parecer, resuena en el empleo como temática global. Mientras que en la administración de Fernández de Kirchner el empleo funcionó mediante la construcción de mecanismos de carácter representativo mediante la incorporación de espacios que incluyeran a los sindicatos, en el caso de Macri el empleo, sin fomentar este tipo de espacios, forja un discurso basado en la adaptación del empleo a la nueva realidad del siglo XXI. En esta línea, el presidente combina una aproximación del empleo con una perspectiva de la educación y afirma que la misma es el camino para incentivar este tipo de transformación.

Las desinencias en clave global que podrían generar la falta de encuentros con mandatarios mundiales esperados pueden indicar una baja proyección internacional que parece ser acompasada con la organización de la Cumbre del G20 para el año que viene. Este tipo de espacios abre grandes oportunidades pero también desafíos de cara a la implementación doméstica de este discurso y, en última instancia, a la proyección global del estado argentino. Con un puesto 59 de 65 en las pruebas PISA y con un PIB dedicado a la innovación, a la ciencia y tecnología por debajo con respecto a las naciones desarrolladas (0,59 % del PIB en dólares en el presupuesto del 2016 con respecto a Japón, 3,58%, Estados Unidos, 2,44% o Francia, 2,26%), la conjugación de la agenda laboral y educativa y su forjamiento como temática de agenda internacional, crea incentivos pero también interrogantes a la hora de formular esta aproximación.

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