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Las peripecias económicas de la agenda internacional

Por Gustavo Insaurralde


Después de la reunión del presidente Mauricio Macri con su par estadounidense, Donald Trump, la agenda internacional del gobierno estuvo remarcada por la gira del jefe de estado a Emiratos Árabes Unidos, China y Japón. A su vez, a finales de la misma semana, se generó una crisis política en Brasil debido a la profundización de los casos de corrupción que azotan a la clase política del país vecino. Como consecuencia, los grandes medios de comunicación y gran parte de la opinión pública han solicitado la renuncia del actual presidente, generando una inestabilidad económica que afecta la débil recuperación brasilera y, por lo tanto, los índices macroeconómicos argentinos.

Aunque desconectados, ambos fenómenos hacen referencia a la agenda exterior argentina y en especial, a su agenda de inserción comercial internacional, el foco indiscutible de la actual política exterior. Tanto Brasil como China representa el primero y segundo socio comercial de Argentina pero bajo dinámicas diferentes: mientras el comercio con Brasil es intraindustrial, es decir, es un intercambio comercial horizontal focalizado en una sola área fuertemente protegida (la industria automotriz), el intercambio bilateral sino-argentino es vertical, es decir, esta vehiculizado a partir a la exportación argentina de bienes primarios fuertemente focalizados (soja y derivados) y la importación de bienes finales y de capital.

Por todo ello, la gira asiática se inscribe en la necesidad de fomentar la inclusión argentina en esos flujos de comercio e inversión, cuyo objetivo ulterior resalta en la dinamización económica argentina y la diversificación (y complejización) de su canasta exportadora. Es por ello que no es casual la gira asiática dentro de esta coyuntura. China comienza su agenda diplomática con el Foro Una Franja y Una Ruta para la Cooperación Internacional que no es otra cosa que el relanzamiento formal de la Ruta de la Seda, es decir, un cinturón de cooperación institucionalizado y que analistas como Robert Carafano y William Wilson ven con desdén por el fuerte contenido securitario.

Esta compleja sincronía entre seguridad y comercio es un dato primordial que la Cancillería tiene (o debería tener) a la hora de formalizar su inclusión. Hasta ahora, la gira asiática y la participación argentina en el foro ingresa dentro de la lógica de incentivar las inversiones extranjeras –por ello también la visita a Emiratos Árabes y a Japón- mientras que se da continuación a los canales de cooperación que se iniciaron con el anterior gobierno. Así temas tan diversos como cooperación nuclear, agrícola y en trasporte y los desequilibrios de la balanza comercial bilateral entran en agenda y parecen formalizar los temas que aúnan a estos dos países.

Algo similar sucede con Brasil, cuya agenda bilateral es estratégica debido al nivel de vulnerabilidad que presenta para la estructura exportadora argentina, solo que esta vez industrial. El cimbronazo de la crisis política podría conllevar a una devaluación del real con fuertes resultados para la débil recuperación de la economía del vecino país y una amenaza al tipo de cambio argentino y, por lo tanto, la estabilidad macroeconómica.

De esta manera, la gira asiática en general, China, en particular, y la crisis política brasilera juegan un espacio primordial a la hora de evaluar las opciones estratégicas económicas y de inserción internacional de la actual administración. El truco consiste en poder solventar las dinámicas que pueden resultar riesgosas y tomar los pequeños espacios de actuación para obtener el mayor de los beneficios.

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